Un día en las Candelas

Un día en las Candelas (o cómo Santa Marina vivió de nuevo el despertar del Carnaval)

Si los Hermanos Marx levantaran la cabeza y se dieran un paseo por Badajoz, probablemente cambiarían el título de Un día en las carreras por Un día en las Candelas.

Porque lo vivido en Santa Marina fue, salvando las distancias y respetando los bigotes, una comedia coral de las buenas: mucho público, personajes de todos los colores y un ritmo que no dio tregua desde bien temprano.

La jornada arrancó a las 10:00 de la mañana, hora más que decente para empezar cualquier cosa… salvo si hablamos de migas. Ahí ya vamos tarde. Bajo la amable invitación de Jerónimo Fernández, presidente de la Asociación de Vecinos de Santa Marina, comenzaron a llegar vecinos, representantes vecinales, medios de comunicación y una nutrida representación política que, sinceramente, daba para montar un pleno municipal con orden del día y todo. PP, PSOE y VOX compartiendo espacio, charla y migas: si eso no es espíritu de las Candelas, que baje el Marimanta y lo vea.

Y qué migas. De esas que no se comen, se recuerdan. Bien hechas, bien acompañadas y mejor compartidas. Porque si algo tuvo la mañana fue buen ambiente y mejor compañía. Risas y charla animada con Esmeralda y Nico, de 48 Horas Magazine, siempre con el radar periodístico encendido; con Julio Felipe, de la AAVV de San Fernando–Santa Isabel; con José Luis Lorido, de COPE, que lo mismo te clava una crónica que te arregla el mundo en dos frases; con Teresa, relaciones externas de El Corte Inglés, que sabe estar en todas partes sin perder la sonrisa; y con Hernán y Dani, de La Voz de Extremadura, atentos a todo lo que se movía… y a lo que no también.

Una mañana de esas que pasan volando, entre cucharada y cucharada, mientras uno piensa: esto promete. Y cumplió.

A las 17:00, concentración de los grupos participantes, nervios, saludos, últimos ajustes y ese runrún tan nuestro que anuncia que algo grande está a punto de pasar. A las 17:30 arrancó el desfile, con Santa Marina convertida en escenario y el público entregado desde la primera fila hasta el último balcón.

Y llegamos al momento cumbre. A las 19:45, con media horita de retraso —que en las fiestas populares no es retraso, es tradición— comenzó la quema del Marimanta, símbolo de todo lo malo de este 2025. Eso sí, seamos sinceros: para

quemar todo lo malo del año pasado habríamos necesitado media docena de muñecos más y un camión de gasolina. Pero algo es algo.

Los encargados de prender la llama fueron los Batalá, grupo de percusión y pregoneros de este año, que pusieron fuego, ritmo y alma a uno de los momentos más esperados. Después, reparto de hornazos en una plaza literalmente “abarrotá”, que diría el inmortal dúo Sacapuntas, y una muestra de percusión que terminó de redondear una jornada para enmarcar.

Un día intenso, divertido, participativo y muy nuestro. Un día en las Candelas, con aroma a barrio, sonido de tambor y ese calor colectivo que no sale en los partes meteorológicos, pero que es el que de verdad importa.

Y como en las buenas películas… ya estamos deseando la secuela.

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