Primer pasodoble, piropo a Badajoz: “la que canta para olvidar, la que sueña con comparsas”, con cierre crítico dirigido a Gragera, que no se libra ni aunque sea de noche cerrada. El segundo, dedicado a Toni, la regidora, figura omnipresente este año en el concurso. Persona muy querida por los murgueros, y eso se nota en cada letra y en cada silencio.
Llegan los cuplés. El apagón vuelve a escena, junto a los famosos kits de supervivencia. Eso sí, en el de Badajoz —dicen— faltan migas, cachuela y algo de pringue, que aquí la supervivencia se entiende de otra manera. El popurrí es un festival: aparece el espresso macchiato relacionado con el apagón; escuchamos tanguillos, sevillanas, rap… y, atención, villancicos, usados para cantar el accidente de las luces navideñas. Porque si algo tiene el Carnaval, es que todo cabe.
Sevillanas también para cantarle a los enchufes de Gallardo en la Diputación. Y, por primera vez en la noche, se menciona el Museo del Carnaval, con crítica directa a su cierre. El decorado, muy trabajado, con efectos de luces y leds que lucen (nunca mejor dicho). En la percusión, enorme Clodo, un año más marcando el ritmo con autoridad. Me comentan… ¿el último? Podría ser. Es el murguero más veterano del COMBA 2026, junto a Alonso Torres, que también milita en su murga.
Final aplaudidísimo para Los Mirinda, que firman una actuación muy sólida para cerrar la sesión. Baja el telón… y ahora toca lo más complicado: las escaleras. Porque alguien tendrá que bajar a estos electricistas de las torretas, digo yo