Primer pasodoble jugando con esdrújulas —que ya es rizar el rizo— para advertir de los peligros de la droga. Mensaje claro, forma original y sin ponerse el traje de sermón. El segundo, dedicado a Robe Iniesta, y ahí el teatro se viene arriba: aplausos largos y sentidos, de esos que no necesitan explicación.
Llegan los cuplés, con pitos. El primero para Gragera, del que dicen que con las pecas, la cara se le queda como el pan de una hamburguesa, y que evidentemente no puede ir a Fitur acompañado de una murga de marihuana. El estribillo entra solo y se queda:
“Camalote hierba mala, nosotros hierba buena”. Redondo.
El segundo cuplé se mete en el cónclave papal tras la muerte de Francisco. ¿Se imaginan con qué han hecho la fumata? ¿O qué han echado en los incensarios? Rematan con un León XIV saliendo al balcón gritando “¡viva María, viva María!”. Aquí ya el respetable está entregado y el confesionario, temblando.
En el popurrí, festival de juegos de palabras. Buen palo al alcalde: si te fumas uno y ves a Ignacio Gragera, vas a creer que estás viendo a Trump… Trump, todo a ritmo de tanguillo. A Casablanca, concejal de Ferias y Fiestas, lo definen como la alegría del PP de Badajoz —ahí lo dejan—.
Desfilan todos los dobles sentidos posibles con “María”, sin que chirríe ninguno. Incluso se permiten hablar del “Porrino de Badajoz”, demostrando que cuando el concepto está claro, el chiste fluye. Y más si está Dani, el Fary de los 3w, en el centro del escenario.
Muy buen pase de Los Rayanos. Debutantes solo en el cartel. En escena, parecían llevar ya unos cuantos concursos, a la espalda.