El Estribillo, martes 10 de febrero de 2026

LOS MIRINDA
Será por aquello de estar en semifinales, será porque hay televisión y la cosa ya no es solo para los de siempre… el caso es que hoy el reloj decidió ir dos minutos por delante. Dos. Que en Carnaval eso es casi un pasodoble entero. Lorido, con el mono de capataz bien puesto, recordó lo de las preliminares, cuántos pasan, cuántos se quedan por el camino y, en definitiva, que no nos durmiéramos, que la noche venía larga.
Abrieron fuego Los Mirinda, que siguen siendo, a día de hoy, la murga con más chispa del COMBA 2026…chistaco, van de electricistas de oficio y de escenario, entraron fresquitos —no por el tipo, sino por las lluvias, que nos tienen a todos más para gárgaras que para falsetes—. Eso sí, se notó una ausencia en el cuadro eléctrico: ¿dónde está el Bola? El hueco se vio, y el público también lo preguntó. Y desde aquí, nuestro abrazo para Antonio.

En los pasodobles, Mirinda tiró de conciencia. El primero, al bullying, recordando algo que nunca sobra repetir: la educación empieza en casa, no en el patio del colegio ni en los comentarios de WhatsApp. El segundo, más valiente, dedicado a esos jóvenes que flirtean con la ultraderecha, a los que se les recordó —sin rodeos— que en la dictadura no se vivía mejor, aunque algunos se empeñen en venderlo con filtro vintage.
Los cuplés, marca de la casa. El primero, directo a la actualidad internacional, con Donald Trump y la invasión de Venezuela, pidiéndole, con mucha guasa, que deje la guerra para después de Carnavales… que ahora toca otra cosa. El segundo, más doméstico pero no menos celebrado: un accidente laboral que les dejó un temblique en el brazo, ese temblique tan útil para ciertas tareas finas… como echar azúcar a los bollos de La Cubana. El teatro, entregado.
Y el popurrí, tras otra pullita a las llamativas presentaciones de Lorido —ya tradición no escrita del concurso en este año—, fue un repaso eléctrico a la actualidad local: reclamaciones a Iberdrola por apagones inoportunos, recuerdos aún calientes de las luces de Navidad cayéndose en Plaza de España y aquellas que colgaban de la torre de la Catedral, que dieron más miedo que una factura de la luz.
En resumen: Los Mirinda enchufaron al López, mantuvieron el pulso de semifinales y demostraron que, cuando hay chispa, el apagón no va con ellos.

AL MARIDI
Esto ya va en serio. Muy serio. Al Maridi salió a escena con el traje bien planchado y, sobre todo, sonando bastante mejor que en preliminares, que no es poco decir en semifinales. La presentación fue de menos a más, cocinada a fuego lento, hasta dejar bien colocada a su cuadrilla de obreros de la alcazaba, un tipo muy reconocible, muy de Badajoz y muy Al Maridi. Aquí no hay sorpresas: hay identidad.
El primer pasodoble fue para los bomberos que se dejaron la piel en los incendios del pasado verano. Aplausos, muchos, de esos que salen fáciles cuando hay foto delante. Pero la crítica vino justo después, afinada y sin anestesia: en febrero ya no rentan, ya no interesan. Hipocresía pura. La Medalla de Extremadura concedida en septiembre fue definida sin rodeos como la medalla de la vergüenza. Y el teatro entendió el mensaje.
El segundo pasodoble apuntó directamente a la organización, que —según Al Maridi— necesita un cambio profundo porque así no puede seguir. No es nuevo en ellos: siempre han sido críticos con el Carnaval, incluso cuando el concejal de Ferias y Fiestas es compañero de agrupación. Aquí no se salva nadie por afinidad: se canta lo que se piensa.
En los cuplés, el concurso fue objetivo claro. Especialmente en el segundo, donde el COMBA pasó a ser, por arte de guasa, “Badajoz, capital del desayuno”, arrancando sonrisas cómplices y algún gesto de “no me toques eso”.
El popurrí llegó con ritmo muy Al Maridi, ese sello reconocible que el grupo sabe poner sobre las tablas sin perder personalidad. Para desayunar sacaron un bocadillo que prometía jamón del bueno… pero que acabó en la basura al no poder comérselo. Como sigan así todo el Carnaval, se les va a ir una pasta en bocatas desperdiciados. A ver si les devuelven la caseta de Al Mossassa y pueden sufragar gastos, que el jamón no está para tirar.
En el patio de butacas, detalle curioso: el concejal Casablanca, cantando con ellos, bajo la atenta mirada de Willy López, de Cultura Overdose, que no perdió detalle y acabó felicitándolos tras la actuación.
Al Maridi cumplió, afinó mejor que en preliminares y volvió a hacer lo que mejor sabe: cantar con identidad, crítica y sin pedir permiso. Y eso, en semifinales, ya es decir mucho.
GITANO Y DE BADAJÓ
Gitano y de Badajó. Y con eso debería bastar. Don José Salazar, Porrina de Badajoz, cobró vida sobre las tablas en los murgueros de A Contragolpe, que se marcaron una actuación con pellizco y mucha verdad. La coordinación de voces, sencillamente impresionante, de esas que se notan desde la primera nota y te hacen dejar de mirar el programa para mirar al escenario. Un auténtico bloque.
Los figurantes, con clavel en la boca, dejando claro que ellos no cantan… que aquí el cante es cosa seria. El resto de la murga, clavel en la solapa, como Don José. Detalles bien pensados. La presentación fue magnífica, rematada con inteligencia: tras pasearse por el flamenco que les sirvió de melodía en la entradilla de la presentación, se despiden con estilo murguero puro, recordando que el tipo manda, pero la murga es murga.

El primer pasodoble puso el dedo en la llaga del abandono del Casco Antiguo. José Luis Quintana, delegado del Gobierno, recibió críticas por el cierre de la comisaría del centro. Drogas, dejadez y una realidad que duele y que se cantó sin adornos. Pasodoble de los que levantan aplausos sinceros, de los que pesan.
El segundo pasodoble volvió a mirar al bullying, que este año se está colando en muchos repertorios. Tema necesario, bien tratado y recibido con respeto por el teatro.
En los cuplés, la murga se soltó la flor al ojal. La historia de las gafas rojas que desvirtúan los colores y hacen que no se vea el naranja… con la mujer del alcalde poniéndoselas para no ver a Gragera el fin de semana. Risas, incluidas las del propio alcalde, que también cuenta. De nuevo, cameo de Jesús Ortega, bailando sobre el tablao, y Guibe arrancándose por fandangos para cantarle a Badajoz y a ese ambiente tan nuestro de febrero.
El popurrí arrancó con un “Como el agua” de Camarón de la Isla para cantar al río y al camalote, y ahí ya el teatro estaba ganado. Imitaron la pose de la estatua de Porrina de Badajoz en la plazuela de la Soledad, mantuvieron el chiste del C.D. Badajoz, que como siga bajando va a acabar jugando con el Don Bosco, y sumaron un guiño que creemos nuevo: “Jonatan, no te vayas pa lo jondo”, que entró como si llevara años ahí.
Redonda la actuación de A Contragolpe. Redonda y con alma.
No se puede ser más de Badajó.

LOS RAYANOS
Cuarta murga de la noche y turno para Los Rayanos, a caballo entre Badajoz y Olivenza, que ya de por sí da juego. No son mala hierba, no… son hierbabuena, eso sí, de uso terapéutico y medicinal, que aquí todo está prescrito y bien recetado.
Arrancamos con el primer pasodoble y, cómo no, vuelven los juegos con palabras esdrújulas —marca de la casa—. No es casualidad: Paco Olivera, autor de la murga y profesor de lengua, no puede evitarlo ni quiere. El humor desde el formato de la letra. El tema, la violencia de género, tratado con respeto y con inteligencia.
El segundo pasodoble fue un homenaje a los murgueros de antaño, a los que ya no están sobre las tablas pero siguen formando parte de la historia del Carnaval. Un pasodoble de memoria y reconocimiento, de los que conectan generaciones.
En los cuplés, el primero nos tocó de cerca: sale Paco Tabares. Los efectos de la hierba le llevan a apostar por la victoria de La Mascarada, y lo cantan mirando justo al sitio que ocupábamos hasta ayer en el teatro. Hoy, casualidades del destino, estamos en el otro lado del López. El Carnaval también tiene de eso.
El segundo cuplé cambió el foco: si antes se cantó a los murgueros de antes, ahora les tocó a los murgueros de ahora, con varios chistes bien tirados y guiños reconocibles para los habituales.
El popurrí fue una sucesión constante de chistes ligados al tipo, sin bajar el ritmo: desde María la Portuguesa hasta la música del supermercado de Juan Roig reconvertida en “Metadona”. Y, por tercera vez, vuelven las esdrújulas, ya casi como firma notarial.
Muy buena actuación de Los Rayanos, de esas que te hacen disfrutar a tope —y no, no tiene nada que ver con el tipo… o no del todo—.
Eso sí, una caladita no habría venido mal. Qué pena haber dejado de fumar hace un año…
VALENTÍN, ENTRENADOR INFANTIL
Valentín, entrenador infantil, y con eso ya está dicho casi todo. Sobre las tablas pusieron todos los tópicos del fútbol base, sin dejar uno vivo: padres, niños, árbitros, charlas técnicas y tragedias de benjamín. Divertidísimos, como siempre, y con Cano espectacular, tirando del público como si estuviera en la banda del Viejo Vivero en un derbi ante el Mérida.
El primer pasodoble fue para Pedro Sánchez. Un tío chulo, como el pirulo. Tras repasar una a una las desgracias de su gobierno, remataron destacando su ya conocida fama de cenizo, de esos que se levantan nublados incluso en agosto. Pasodoble con retranca y risas bien colocadas.

El segundo pasodoble apuntó a las listas de espera, con un paralelismo futbolero perfecto: una lesión de benjamines que se acaba tratando cuando ya eres juvenil. Aquí se nota que son maestros del pasodoble humorístico, de los que hacen reír mientras te están dando el palo.
En los cuplés, precisión quirúrgica. El primero, para los pistachos, ese sabor que ahora está de moda: compras una bolsa y la mitad viene cerrada. El segundo, para el TDA, despistándose con facilidad…
—¿Qué nos estaban diciendo?
Ah, sí: que compras una bolsa de pistachos y la mitad están cerrados. Genial el detalle, de esos que valen un aplauso largo.
El popurrí fue un no parar: golpe tras golpe, risa tras risa, incluso en el minuto de silencio por su socio más antiguo, que consiguieron convertir en otro momento memorable sin perder el respeto.
Se acabó el segundo tiempo para este equipo. Ahora toca mirar al banquillo (en este caso, del jurado), y esperar. Habrá que ver si hay prórroga… el próximo viernes, en la final.

LOS CHUNGOS
Y cerramos la noche con comparecencia en el López. Micrófono abierto, sonrisa ensayada y… aparece Pedro Sánchez. Bueno, parece Pedro Sánchez. Porque lo del visajismo fue de matrícula: maquillaje trabajado para replicar el físico resaltando la armonía… vamos, que ni calcao, pero casi. Detallazo el de las corbatas: del rojo al verde para poder hacer el chiste con Vox. Aquí no se da puntada sin hilo… ni sin ironía.
El primer pasodoble fue para David Sánchez, su hermano. El parecido no se quedó solo en lo físico: gestos, miradas y poses, todo estudiado al milímetro. Una interpretación fina que terminó rematando con la gran duda existencial del año: si David Sánchez se empadronará en Badajoz, Elvas o directamente en la cárcel. El teatro, claro, respondió como se esperaba.
El segundo pasodoble, para la amistad. Para José Luis Ábalos, más exactamente. Aquí el tono fue de esos que empiezan suaves y acaban apretando, dejando claro que hay amistades que pesan más que una mochila en campaña electoral.
En los cuplés, el primero fue para el C.D. Badajoz, que arrancó una sonrisa amplia entre los aficionados: Colate es la mejor pasta de dientes. El segundo, para Miguel Ángel Gallardo, que sí, que es un buen paquete… cada cual que lo interprete como quiera. El estribillo —“vamos a cambiar la sede del partido al Valle de los Caídos”— juguetón, travieso y muy de semifinal.
Y en el popurrí, por fin, llegó la explicación al famoso apagón. Culpables: las luces de Navidad de Sagrajas, la banda del Peugeot, la fontanera… Un carrusel de referencias bien hiladas en el que solo se echó de menos una cosa: algo del Falcon, que quizá sea el único elemento cercano a Pedro Sánchez que no apareció por allí.
Así terminó la comparecencia. Y terminó dejando buen sabor de boca. Una actuación que hizo disfrutar al teatro, como el resto de agrupaciones de la noche.
Hoy más. Porque esto no ha acabado.
Y que nadie dude de una cosa: el jurado no lo va a tener nada fácil
ESTA NOCHE, EN LA SEGUNDA SEMIFINAL…
Yo No Salgo
Después de preliminares donde defendieron su estilo irreverente disfrazados de villanos icónicos y lanzaron críticas canallas —incluso al propio formato del concurso— vienen con ganas de sacudir con humor y carcajadas desde el primer compás.
Los Water Closet
Veteranos de más de dos décadas que ya en preliminares sorprendieron con su espectáculo “Paso de la sardina”, mezclando crítica social sobre racismo y acoso escolar con teatralidad y guiños carnavaleros. Su popurrí “tergiversado” promete risas y guiños al público.
Marwán Chilliqui
Los de los muertos vivientes han demostrado que no vienen a medio gas: escenografía potente, voces bien armadas y referencias festivas rompieron esquemas y hasta “saltaron la valla” para contactar con la grada. Se espera un repertorio igual de imaginativo y sólido.
Las Chimixurris
Con más de 20 años de tablas, su estilo ácido no se anda por las ramas: en preliminares cargaron contra la laxitud de la justicia, la política local y la gestión del Carnaval, manteniendo letras pensadas y críticas finas que seguro vuelven a sacar carcajadas… y reflexiones.
De Turuta Madre
Esta murga sorprendió ya con tipo de quinquis reconvertidos en soldados, recordando su debut y elaborando pasodobles con crítica social, desde la precariedad de bomberos hasta políticos colgados de medallas. Su evolución en el concurso da pistas de una actuación con mordiente y mucho ritmo.
Los Camballotas
Clásico del COMBA con trayectoria sólida desde 2005, conocidos por fragmentos hablados y humor que hace reír hasta al más serio. En preliminares llevaron el rol de médicos de familia y desde ahí lanzaron pasodobles frente a la ultraderecha y a favor de los sanitarios, combinando crítica y carcajadas.
En resumen:
Hoy el López no se relaja: desde el humor canalla y crítico de Yo No Salgo o Water Closet, pasando por la teatralidad de Marwán Chilliqui, la ironía veterana de Chimixurris, hasta la sátira social de De Turuta Madre y Los Camballotas. Cada uno con su voz, su estilo y su arsenal de chistes y letras afiladas.
La cena de letras está servida.






